Motivos para que tus hijos conozcan los cuentos de hadas.

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El éxito y la perdurabilidad de los cuentos de hadas se debe a que tratan temas trascendentales para la humanidad a lo largo de todos los tiempos, como la muerte, el cambio, la justicia, el amor, el horror, la crueldad, el infanticidio, y un largo etc. El hecho de que los Grimm los recopilaran por escrito ha permitido que lleguen a nuestros días más de estos cuentos y que permanezcan con menos cambios que los propios de la oralidad, pero aún así se han seguido transformando porque los cuentos pasan por el filtro de cada época y el imaginario colectivo cambia y se transforma, transformando a su vez estas historias.

La clave del motivo por el que estos cuentos se convierten en algo tan significativo para personas de muy diversas edades es que conectan con nuestro subconsciente, nuestras esperanzas y miedos ancestrales, y recrean los mitos que han alimentado nuestros sueños y pesadillas durante miles de años. Como ejemplo, en  el clásico “Seis que salen de todo” podemos encontrar, al margen de otros temas como el trabajo en equipo, la injusticia, el engaño, y otros temas que se perfilan ahí, representaciones de prototipos de héroes procedentes de mitos griegos (y probablemente encontraríamos personajes similares en otras mitologías) como Aeolus (Viento), Hércules (Fuerza), Linceus (Vista), Achilles ( Velocidad) y Boreas (Frío), ayudando al líder. En otros cuentos podemos encontrar muchos otros mitos, como las resonancias al “corazón comido” de los mitos y leyendas medievales, como en “The almond tree”, donde también encontramos el mito de la resurrección, que evoca a mitos eternos y ancestrales y que conecta con el pensamiento judío y cristiano tan asentado en Occidente.

Incluso en la repetición del número tres podemos encontrar esas características, ya que evoca a las tríadas de dioses (Odin, Thor y Freyr en la mitología nórdica, Osiris, Isis y Horus en la mitología egipcia, la ” tríada capitolina”, etc), la Santa Trinidad cristiana, tres son las parcas, tres son las furias, y así podríamos continuar enumerando grupos de tres.

Los cuentos de hadas han permitido que los mitos antiguos perduren y se transmitan de forma natural durante milenios, cambiando los nombres y lugares y actualizándolos a cada época, pero conservando el mensaje esencial de los primeros tiempos. Los hermanos Grimm con su labor de recopilación ayudaron a que este patrimonio de la humanidad pudiera ser compartido mucho más, y dejaron un legado que aún hoy en día forma parte del aprendizaje y del conocimiento del mundo de miles de niños y adultos de todo el mundo.

Además son divertidos, te permiten estirar del hilo y trabajar miles de temas con tus hijos, y permiten pasar un tiempo juntos fabuloso.

¿Te anima a leer más cuentos de hadas?

Azucena Caballero

Jugando se aprende mejor: funciones educativas del juego infantil

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Una de las cuestiones que más nos preguntan es como ayudar a que los niños aprendan más y mejor. Nuestra respuesta básica es esta: dejad a los niños jugar, pues están programados para usar el juego como experiencia de aprendizaje. Los niños pequeños están aprendiendo continuamente y es a través del juego y la experimentación como lograrán desarrollarse y adquirir conocimientos. Tanto si están en casa como si acuden a una guardería o centro educativo infantil sus actividades, solitarias o en grupo, deberían siempre tener como centro el juego, permitiéndoles, de este modo, adquirir aprendizajes en un ambiente informal y libre.  A través del juego, además, se hacen conscientes de su identidad y asimilan los patrones culturales y sociales de su entorno.

Los niños pequeños aprenden a través de todos sus sentidos todo lo que necesitan ir incorporando a su esquema mental. Tocan, saborean, escuchan, miran y huelen, observan y copian a las personas que los rodean, fijándose en como se expresan y como se comportan. Muchas de estas experiencias llegan a ellos a través del juego y además, las ensayan, repiten e interiorizan también con juegos, muchos de ellos de forma no guiada.

Funciones educativas del juego infantil

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Casi todos los niños juegan, excepto aquellos que están desnutridos, privados de todo estímulo o tienen discapacidades muy severas.  Incluso, si los niños pequeños se ven privados temporalmente de oportunidades de juego, por ejemplo, si se los mantiene en el aula, juegan durante más tiempo y más vigorosamente después. Los niños, como los cachorros de todos los mamíferos, centran gran parte de su tiempo, si se les permite, en jugar, y,  los humanos, en correlación con la mayor complejidad de nuestro desarrollo cognitivo, muestran mucha más variedad en los juegos, estando demostrado que jugar ofrece grandes beneficios, incluso si estos se podrían conseguir de otro modo, el modelo natural al que tienden los niños es este.

El desarrollo físico y corporal, indispensable también para el aprendizaje, se consigue perfectamente con juegos locomotores (correr, saltar o escalar). Con eso los niños fortalecen sus músculos, su fuerza, habilidad y coordinación motora y además favorece la adquisición de información sobre el propio cuerpo y el entorno. Tanto es así que los niños, si se les permite jugar en el patio, luego pueden concentrarse mejor en otro tipo de actividades más sedentarias.

El juego es una de las principales formas en que los niños aprenden. Construyen una idea del mundo y aprenden a imaginar, a extrapolar, a hacer predicciones, es decir desarrollan su mente de manera completa. También les ayuda a ejercitar su memoria y a concentrarse, pues cuando un niño está absorto jugando está, realmente, fijando su atención en algo que le apasiona y eso es un gran entrenamiento para actividades futuras.

Podemos proponer o favorecer algunos juegos en concreto que inciden en su desarrollo cognitivo para que esas funciones de aprendizaje se puedan dar. Pero, hagamos lo que hagamos, hay que recordar que el juego debe ser electivo, placentero y divertido. Cada niño tiene que poder jugar a lo que le guste, nunca forzarlo ni presionarlo, ni tampoco, evidentemente, castigarlo sin juego. Cada niño tiene inclinaciones, gustos y se desarrolla a su propio ritmo. Os dejamos algunas ideas:

 

 

  • Bloques de construccion, LEGO (de la edad adecuada), rompecabezas y clasificadores, pues ayudan a comprender las relaciones entre los objetos, el tamaño, forma y a desarrollar la lógica y la organización de conjuntos.
  • Un arenero o juegos con arena y agua (en casa o en la playa o un parque limpio, si es que hay). El juego de arena y agua puede ser una introducción temprana a la ciencia y las matemáticas, tocando, sintiendo, midiendo y experimentando diferentes aspectos de la material. Además, ejercitan su psicomotricidad fina.
  • Disfraces, ropa y muñecos les permite desarrollar su imaginación, expresión de sentimientos y su creatividad.
  • Pintar, incluso cuando no lo hacen todavía de manera figurativa, les ayuda a comprender el efecto de sus acciones voluntarias, descubrir formas y colores mientras ejercitan su psicomoticidad fina.
  • Las masas y plastelinas pueden ayudarles a comprender, también, el efecto en la materia de sus movimientos manuales y presión, entender las diferentes consistencias y durezas, maleabilidad y permanencia de las formas. Y, por supuesto, a desarrollar su imaginación.
  • El juego motriz que implique correr, saltar, perseguir, escalar y lanzar objetos, permite el desarrollo físico y la coordinación.

El juego, en resumen, ofrece a los más pequeños experiencias de aprendizaje indispensables. Seguiremos hablando sobre las funciones y beneficios del juego la próxima semana.

 

Mireia Long

SOS, Pedagogía Blanca!!!

Y seguimos recibiendo noticias de castigos obsoletos que no sirven para nada y “perjudican seriamente la salud”. Y, lo más grave, es que algunos castigos son físicos, no solo psíquicos, que se consideran delito.

Maestros del mundo que seguís pensando que este es el camino para educar y acompañar en el desarrollo correcto de vuestras alumnas y vuestros alumnos: BASTA YA!!!

Aprovecho que la Pedagogía Blanca lanza su último curso on line, para recomendaros que os apuntéis a dicha formación. Ya no sólo por vosotros, para que descubráis otra forma de hacer las cosas, sino por todos aquellos niños y niñas que tenéis en vuestras manos y que, según lo que decidáis hacer con sus vidas, serán adultos felices o adultos amargados, sin seguridad en sí mismos y que, posiblemente, traten a los niños y las niñas igual que ellos fueron tratados, pensando que esa es la manera de hacerlo.

Resulta que el otro día, cuidando de las niñas de unos amigos, de 5 y 6 años, se pusieron a jugar a maestras. Todos los muñecos que tenían en la habitación eran los alumnos de la clase.

Los sentaron alineados, en filas, les pusieron delante a cada muñeco un trozo de papel y un lápiz de color y yo, atenta a todo lo que hacían y decían, no salía de mi asombro.

  • “A ver, al primero que se mueva le castigo contra la pared”.
  • “Susana, te he dicho que no te muevas, que voy a explicar y quiero silencio”.
  • “Lo pintáis de rojo que es lo que acabo de deciros”.
  • “No os mováis que os castigo y os pongo carita enfadada”.
  • “Muy bien, Sara, tú si que te has enterado. Mañana te traeré un premio”.

Y así, mil frases más que me producían risa (no pude evitarlo) y decepción y tristeza infinita a la vez.

En mis charlas en escuelas universitarias y centros educativos siempre les pregunto si creen (futuros maestros o maestros en activo) que se puede cambiar el sistema educativo. Se apodera de mí una pena irracional y un cabreo descomunal a partes iguales cuando su respuesta es NO.

Pues sí, señoras y señores, podemos cambiar TODO lo que nos propongamos. Así ha sido a lo largo de la historia y así será.

Estoy orgullosa de formar parte de ese cambio, estoy feliz de ver que cada vez más adultos responsables (padres, maestros, educadores…) van cambiando de opinión y, también, estoy contenta de que miles de niños, guiados por estos adultos, tendrán una conciencia y actuarán basándose en el respeto, en la empatía, en la solidaridad y aportarán todo lo que puedan para que el mundo sea mejor.

Aún así, hay tanto que hacer…

Gracias, Pedagogía Blanca, por la oportunidad que brindáis, a tantas y tantas personas, de cambiar la perspectiva y la conciencia de adultos que educan y acompañan a lo más importante que tenemos, nuestros niños y niñas.

Ucronía Educativa

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María cerró la puerta de la casa muy alterada. Empezó a buscar en su vieja agenda de teléfonos el de su abogada. Ella podría aconsejarle. Encontró el número y lo marcó con celeridad.

—¿Amelia? Buenas tardes, soy María Castro, te llamo por que nos acaba de visitar la policía y nos han empezado a preguntar sobre los niños, y qué estaban haciendo aquí cada uno de ellos. Por lo visto uno de los vecinos de la urbanización ha denunciado que podría tratarse de un intento de escolarización y delegación de responsabilidades por parte de los padres y la policía ha decidido venir a investigar.

—Está bien, necesito que me expliques paso a paso todo, qué ha pasado, qué os han dicho y qué habéis contestado. ¿Quién ha hablado con ellos?

—De acuerdo, voy a empezar por el principio, cuando ha sonado el timbre. Estábamos por suerte durante la hora del cuento, que es una actividad que hacemos tomando zumo y galletas, así que parece que sea una merienda festiva sin más. Cuando han llamado ha ido Juan, el maestro de mates, a abrir la puerta y me ha llamado. Eran dos policías. Uno de ellos ha dicho “buenas tardes, venimos por que hemos recibido una denuncia de parte de uno de sus vecinos. ¿Tienen a niños que no sean hijos suyos habitualmente es esta casa?” Yo le he dicho que habitualmente no, que solo los miércoles a mediodía y por la tarde, por que solemos usar ese día nuestra casa como espacio de socialización, que los niños se juntan con sus amiguitos y juegan, y que suelen merendar juntos. Él mismo policía ha dicho que en la denuncia que alguien interpuso indicaba que se realizan actividades educativas en este lugar, me ha recordado que educar es algo que es competencia exclusiva de cada padre y/o madre y que cualquier tipo de espacio educativo en el que se pretenda delegar esa responsabilidad está prohibido por ley. Me ha pedido los datos de los niños, nombres, edades, cada cuanto venían a mi casa… yo le he preguntado si tenía alguna orden que me obligara a darle esos datos, que al ser menores yo no le iba a decir nada sin un abogado delante. Él ha dicho que realmente yo no tenía por qué dar ningún tipo de información en ese momento. Han dado las gracias por atenderles y se han ido. Acerca de Juan no han preguntado nada, imagino que habrán pensado que era mi marido o algo…

—¿Han visto algo que pueda hacer sospechar que en realidad los niños están ahí aprendiendo juntos con alguno de vosotros?

—Creo que no, había algunos dibujos y algunas cosas, pero eso podría ser solo de nuestros hijos… Además no se han paseado por toda la casa, han estado solo en el salón y en el recibidor.

—En ese caso tranquila. Van a hacer un informe y lo pasaran a la fiscalía, allí verán si archivan el caso o no. Si lo archivan, ya está, si no lo hacen habrá que demostrar que solo educáis a vuestros hijos y que no enseñáis nada a ningún otro niño más. ¿Tenéis documentación recopilada que os ayude a demostrar que vosotros educáis en casa tal y como marca la ley? ¿Y los otros padres?

—Sí, sí, en eso somos muy cuidadosos, jamás reunimos a los niños por la mañana, así cada uno en su casa graba a sus niños leyendo algo o haciendo alguna cosa que tenga aspecto educativo y lo subimos cada uno a su blog, para dar esa sensación diaria de que están aprendiendo con sus padres. Y siempre los llevamos un rato a la plaza, al museo o al parque y hacemos alguna foto que vamos subiendo tb al blog, y a la nube. Lo que si es cierto es que en realidad pasamos poco tiempo en esos sitios por que lo hacemos para cumplir, pero en cuanto llega la hora de comer reunimos a los niños cada día en una casa diferente y con el profe de la asignatura que vayan a trabajar ese día y delegamos su formación en alguien que nos parece más competente, por que eso es lo que deseamos y por lo que queremos que cambie la ley, pero en cuanto acaban (están solo tres horas cada día en grupo con un maestro) los llevamos otra vez al parque, a la biblioteca… Hacemos que se les vea mucho por ahí.

—En ese caso no creo que puedan deciros nada. Incluso si saben que algún día los niños se reúnen en casa de alguien, puede ser solo para socializar y ver juntos películas, jugar a juegos de mesa, etc. Mi consejo es que estéis tranquilos, que sigáis con vuestra rutina normal y que esperéis.

—¿Nos podrían llegar a quitar la custodia de alguno de los niños?

—Podrían, sí. Si se demuestra que estabais en realidad construyendo una escuela clandestina, que pretendíais que los niños se educaran todos juntos con una misma persona, y que no estabais respetando el ritmo e interés individual de cada niño, sí. Os podrían acusar de adoctrinamiento y alienación infantil y se llevarían a los niños a casas de acogida mientras vosotros iríais a un campamento intensivo de pedagogía para una educación libre para que os pudierais reinsertar.

—Mucha democracia y mucha educación libre pero a mí no me dejan elegir como educar a mi hijo…

—Tranquila, que si todo va bien vas a lograr hackear el sistema. Yo creo en la delegación como una fórmula tan digna o más que la de la auto-responsabilidad educativa paternal. Voy a ayudaros en todo lo que pueda.

Azucena Caballero.

PS: La ucronía especula sobre realidades alternativas, en las que los hechos de la vida real ocurrieron de manera diferente o simplemente no ocurrieron en absoluto.

 

 

 

Las madres queremos lo mejor para nuestros hijos

Me encuentro ahora, un año más tarde, un artículo en una página web de profesores de instituto, en el que el autor se queja por la intromisión de los padres en un grupo de profes, habla con desprecio de las reivindicaciones de las madres acerca del tratamiento que reciben sus hijos en las escuelas y se queja por algunas invectivas que algunas madres muy dolidas han dejado escapar en este sentido. No doy el enlace porque no quiero hacerles publicidad y en realidad el artículo en sí es lo de menos.

Pero me ha llamado la atención la inconsciencia del autor, su convicción de que no es culpa suya o del sistema, que los únicos culpables aquí son las madres y los alumnos, y me ha hecho reflexionar y preguntarme por qué muchos de los profesores son incapaces de hacer autocrítica, de ponerse en la piel de una madre, y – sobre todo – hacer un análisis un poco más profundo sobre su propio objetivo como docentes, sobre cómo funciona en realidad el sistema y cuáles son sus defectos, defectos que pervierten de forma irremediable a veces el acto educativo/el proceso de aprendizaje. John Taylor Gatto – docente en el sistema educativo estadounidense también durante muchos años – lo ha hecho, ha sido capaz de hacer autocrítica, de entender a los padres y sus quejas (entre otras cosas porque él también es padre), ha sido capaz de escarbar un poco en la imagen idealizada de la escuela y ver la cruda realidad y describirla con pelos y señales en sendos libros esclarecedores sobre la ineficacia del sistema educativo convencional y los efectos negativos/dañinos que puede tener sobre nuestros hijos. Como John Taylor Gatto hay muchos más – por suerte nuestra, cada vez hay más profesores que ven que el sistema está lleno de defectos y hasta de malos propósitos.
¿Por qué, no obstante, hay muchos otros docentes que son incapaces de este ejercicio tan sencillo que se llama “pensamiento crítico” y que, supuestamente, ellos mismos se lo enseñan a nuestros niños en las instituciones educativas??

En el artículo en cuestión el autor cargaba tintas contra las madres y, como no, sus respectivos retoños… vamos, la culpa era de las madres que querían que sus hijos no sean castigados con exámenes y malas notas, expulsiones y demás lindezas que suele usar el sistema cuando es incapaz de ofrecer verdadera educación e instrucción académica a los alumnos hacinados por decenas en aulas con diseño de fábricas adornadas.

Con todo mi respeto para el enfado del autor, no veo una argumentación seria relacionada con sus quejas; da por sentado que las madres quieren que sus hijos se queden tontos. Si bien habrá algunos padres que piensen esto por dejadez o falta de responsabilidad (alguna minoría minúscula), mi opinión es que la postura del autor está equivocada porque de todas las madres que yo conozco personal o indirectamente, de todas las que aparecen incluso en obras de ficción, no sólo en la realidad que nos rodea, de TODAS no hay ninguna que no quiera que su hijo llegue a lo más alto de su potencial real como ser humano. Ni una. Es más, todos los padres deseamos que nuestros hijos lleguen a ser importantes para sí mismos, que incluso hagan el bien y sean adultos positivos que aporten a la sociedad en la que viven.
Las madres queremos lo mejor para nuestros hijos. Y claro que la enseñanza debe y puede cambiar de planteamiento, posturas y funcionamiento para apoyar un desarrollo provechoso de las personalidades de nuestros hijos.

He educado a mis dos hijos en casa desde que nacieron hasta que entraron en sendas facultades en Londres y en La Haya, no me canso de decirlo, y siempre lo he hecho según los principios de respeto, cariño y libertad que se merecen todos los seres vivos de este planeta, y que el autor del artículo en cuestión, según parece, aborrece.
No he abolido la disciplina y la exigencia, pero les he permitido a ambos niños que las desarrollen solos. Y sí, he tenido un sagrado respeto al genio innato y espontáneo y creativo de ambos porque es el bagaje natural con el que nacemos todos, y sería una pérdida tremenda desperdiciarlo machacándolo y bloqueándolo con actividades repetitivas o poco interesantes como las que suelen tener lugar en los colegios.
No, no los he “suspendido”, “castigado” o “expulsado” nunca jamás a mis hijos porque todos los días me demostraban que sabían mucho y que aprendían continuamente. Y yo aprendía junto a ellos todos los días algo nuevo. Claro, no eran las típicas “asignaturas obligatorias”, eran contenidos/conocimientos académicos y culturales de su interés específico, proyectos educativos relacionados con sus o nuestras necesidades como familia, actividades de su elección para desarrollar habilidades individuales personales, búsquedas individuales de información y datos de interés personal.

Así que vuelvo con algunas preguntas y me gustaría hacer reflexionar a todos, padres o docentes, y que piensen qué tipo de educación deseamos para nuestros hijos, lo más preciado que tenemos en nuestras familias.

¿Acaso pedimos demasiado como padres al insistir que se RESPETE la individualidad de cada niño y que la enseñanza tenga de verdad como objetivo el desarrollo de su potencial único??

¿Pedimos demasiado cuando no queremos que se les machaque a los niños con contenidos pesados, incomprensibles e imposibles de asimilar incluso para los adultos inteligentes; o porque no queremos que los niños estén hacinados en espacios pequeños y obligados a estar sentados en unas edades en las cuales el movimiento físico es PRIMORDIAL para su salud presente y futura y para su desarrollo físico y psíquico armonioso y correcto?

¿Pedimos demasiado cuando queremos respeto para los niños, paciencia para con los procesos biológicos y cerebrales involucrados en el aprendizaje, y cuando pedimos que se apliquen los últimos descubrimientos de la neurociencia en la educación?

¿De verdad, maestros y profesores, os creéis que las madres no sabemos de qué estamos hablando cuando pedimos todo esto para nuestros hijos??

¿Y sois incapaces de entender un poco la rabia que puede sentir una madre cuando ve que el potencial maravilloso de sus hijos se desperdicia de forma brutal año tras año en las instituciones educativas que defendéis con tanta convicción?

Ya sé que los profes sois igual de víctimas que los niños en todo este asunto (lo he vivido en carne propia yo también), pero por favor, un poco de consciencia y decencia, porque entre los dos grupos, los docentes sois los adultos, no los niños, y tenéis más madurez, responsabilidad y consciencia que ellos. Si vosotros no hacéis uso de vuestro pensamiento crítico y sentido común, y no protestáis junto a los padres, nadie lo va a hacer; por su inmadurez los niños no saben qué ocurre y no son capaces de hacerlo, llegando a ser, de esta forma, los mayores perdedores en todo este sistema inhumano de “educación” – o quizá debería decir sistema de adiestramiento y adoctrinamiento.
Dejad ya de dormir en el siglo pasado y despertad, el sistema educativo actual no se acerca ni remotamente a las necesidades reales educativas de nuestros hijos o de los seres humanos, en general, y menos en el milenio tres en el que ya hemos entrado desde hace 18 años.
Dejad de reproducir este sistema y creer que sirve para algo, dejad de defenderlo, se ha quedado obsoleto, escuchad de una vez las quejas de los padres y observad las necesidades auténticas de los niños. Las reales, las verdaderas, no lo que dictan unos “expertos” que no tienen ni idea en unos despachos de ministerios.
Por favor. Porque luego, a la larga, los grandes perdedores somos nosotros, los adultos y toda la humanidad, porque estos niños de hoy crecen en estos entornos punitivos, negativos, policiales, faltos de cariño, atención, estímulos intelectuales, culturales y emocionales sanos, impregnados de ideas subliminales de injusticia, desprecio hacia sus personas y sus necesidades, agresividad, y hasta abandono, y se transforman en seres adultos que se han “educado” en ambientes cargados de estímulos negativos.
Porque siempre cuenta más CÓMO te has educado, no los contenidos de la educación.

Pensad en reivindicar medidas para mejorar como:

  1. menos alumnos por aulas,
  2. edificios y muebles más cómodos y asistivos para con el acto educativo,
  3. más democracia y más respeto hacia las decisiones del propio educando acerca de su instrucción académica,
  4. más respeto también para los padres (esto incluiría algunos programas de concienciación hacia su propia responsabilidad),
  5. más oportunidades de movimiento físico en espacios abiertos,
  6. libertad de elección para los niños en cuanto a los proyectos educativos o asignaturas

Es decir, un sistema de educación más HUMANO y más actual. Sí, se puede, sólo hay que salir de la caja de los prejuicios y abrir los ojos. Y dejar de culpabilizar a los que deberían ser siempre los beneficiarios de la enseñanza, los niños, e indirectamente, los padres.

 

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Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada.